Cap. 58 No nos hemos divorciado
El estudio, un santuario de madera noble y libros encuadernados en cuero, se convirtió en el campo de batalla más civilizado y letal de la mansión. Las dos mujeres se sentaron una frente a la otra, separadas por un océano de resentimiento, secretos y una necesidad mutua de supervivencia.
Isabella no perdió tiempo en cortesías huecas. Tomó asiento con su espalda recta y comenzó, su voz, un contrapunto grave y sereno en la tensa quietud.
—Querida, mi niña —dijo, y el término cariñoso sonó extraño,