Cap. 153 Hola, Santiago
La Tormenta, por fin, volvía a resonar con el sonido más puro y desesperante: el llanto vigoroso de un recién nacido. Santiago Bruno, ya instalado en el moisés de la habitación principal, ejercitaba sus pulmones con la determinación de un director de orquesta que exige atención absoluta.
Era un llanto fuerte, sano, que llenaba cada rincón de la casa como una declaración de vida.
Alba, aún moviéndose con la lentitud propia del posparto pero con un brillo de alivio en los ojos, observaba la esce