Cap. 11 Si, lo recuerdo
La rabia la cegó. Se abalanzó sobre Alba y le propinó una bofetada brutal que resonó en la habitación. Pero, en lugar de gritar, Alba... se rió. Una carcajada baja y cargada de un desafío aún mayor.
—¿Eso es todo? —preguntó, con los ojos brillando con una luz peligrosa.
Antes de que Celeste pudiera reaccionar, sintió un dolor sordo y paralizante en el estómago. La patada de Alba la dejó sin aliento, doblada en dos.
—Bien, hermanita. Ya que quieres jugar rudo, lo vamos a hacer.
Con una fuerza qu