Cap. 107 Mantengan vigilancia

Alba tomó una gasa estéril y con una ternura infinita, enjugó suavemente la frente de Julia.

—Juli... —susurró, su voz quebrada por las lágrimas que no podía contener.

—Gracias. Esto es invaluable. Esto... esto es...

No encontraba las palabras. Cómo agradecerle por llevar a sus hijos, por arriesgarse, por ser el pilar más sólido y silencioso de todo este plan desesperado.

Julia, a través de la neblina de los sedantes, logró esbozar una sonrisa pequeña pero genuina. Sus ojos, aunque asustados, brillaban con una determinación clara.

—Vale la pena —murmuró, su voz era un hilo.

—Definitivamente.

En ese momento, el equipo del Dr. Clemente, que había estado trabajando con una eficiencia silenciosa y rápida, anunció el primer logro.

—¡Tenemos al primero! —dijo una de las obstetras.

Hubo un murmullo de actividad concentrada. Unos segundos después, un sonido llenó la sala, cortando la tensión como un cuchillo: el primer grito del bebé. Era formidable, potente, un anuncio de vida que resonó
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