Sobre la camilla metálica, helada y sin alma, el cuerpo yacía completamente desfigurado.
La piel empezaba a descomponerse y despedía un olor tan fuerte, tan ácido, que cortaba la respiración.
A simple vista, no se podía saber si era hombre o mujer.
Y, sin embargo, Lucas lo supo al instante. Lo supo apenas lo vio.
En el antebrazo izquierdo, aún era visible una cicatriz clara, en forma de pequeña nube.
Una marca que conocía de memoria.
Clara se la había hecho en el terremoto de Elarvia, hacía ya v