Clara no dudó ni un segundo y señaló a Mariana:
—Papá, mamá, a todos los demás pueden apoyarlos... menos a ella.
Manuel y Carmen asintieron sin titubear.
—Como digas —respondieron al unísono.
Mariana, segura de que sus buenas notas le darían la beca, no podía creer que Clara la rechazara con una sola frase. Rompió a llorar de inmediato:
—¡Por favor! ¡Yo necesito esta oportunidad! Me encanta estudiar, no quiero dejar la escuela.
Clara, al ver que Mariana no había vuelto a vivir como ella, mantuvo