Capítulo 26
Clara apartó la mirada y subió al auto con sus padres.

El mayordomo, que había presenciado todo, dejó escapar un suspiro:

—Señor Castro, váyase ya. No siga destrozando su salud.

Pero Lucas no escuchaba. El cuerpo helado le temblaba sin parar y murmuraba entre dientes:

—Me arrepiento tanto... ¿por qué tuvo que terminar así?

El rugido del motor lo sacó en seco de sus pensamientos. Abrió los ojos con desesperación y corrió tras el carro.

—¡Clara, no te vayas!

Su cuerpo ya no aguantó. Apenas dio unos pasos y se desplomó en la nieve, con sangre escurriéndole de la boca, hasta perder el sentido.

Desde la ventanilla, Clara giró la cabeza instintivamente y lo vio caer. Esa figura delgada y vencida bajo la nieve era una imagen que calaba hondo... pero, ¿qué tenía que ver ya con ella? Cerró los ojos y reprimió cualquier emoción.

Ya en el extranjero, la vida de Clara fue tranquila. Cuando entró a la universidad hizo nuevos amigos, y algunos antiguos compañeros se pusieron en contacto para saludar
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