La puerta del salón se abrió de golpe y Lucas irrumpió, fuera de sí. De un tirón arrancó el amuleto del bolso de Clara y lo arrojó al suelo.
Clara lo empujó con rabia.
—¿Ya basta, no? ¡A ti qué te importa!
Se agachó enseguida, recogió el amuleto y, con calma, le pidió disculpas a Julio.
Lucas tenía los ojos enrojecidos.
—¿Entonces ahora piensas aceptar a él? ¿De verdad quieres hacerme sufrir así? ¿Por qué no me das aunque sea una oportunidad?
Clara, furiosa, lo miró con desprecio:
—Lucas, búscat