Al salir del restaurante, Matías me acompañó hasta el carro, y por el camino de regreso a su casa, hubo un silencio cómodo, diferente al pesado silencio de antes. Cada kilómetro recorrido parecía aliviar la tensión, y aunque todavía había dudas, sentí que habíamos dado un paso hacia adelante.
Cuando llegamos a la casa, bajé del carro con una mezcla de nervios y esperanza. Matías permaneció a mi lado, observándome, pero esta vez con una actitud menos imponente, aunque todavía con precaución. L