El día comenzó con calma y normalidad, o al menos eso intentaba convencerme. Había decidido mantener mi mente ocupada, enfocarme en otras cosas que no fueran Matías y Sarah, en los planes del día, aunque cada intento parecía inútil.
Desde temprano me bañe y me arregle lo antes posible, escogí con cautela mi ropa y accesorios. Estaba a punto de irme a la empresa de beneficencia que solía visitar, un lugar que siempre me traía paz. Cuando de repente una voz me detuvo en la puerta.
—Señorita Isabe