El día comenzó con calma y normalidad, o al menos eso intentaba convencerme. Había decidido mantener mi mente ocupada, enfocarme en otras cosas que no fueran Matías y Sarah, en los planes del día, aunque cada intento parecía inútil.
Desde temprano me bañe y me arregle lo antes posible, escogí con cautela mi ropa y accesorios. Estaba a punto de irme a la empresa de beneficencia que solía visitar, un lugar que siempre me traía paz. Cuando de repente una voz me detuvo en la puerta.
—Señorita Isabella ¿no va a desayunar? —dijo Rosa, mi sirvienta, mientras terminaba de preparar el desayuno.
—No, tengo que irme —dije mientras me dirigía hacía ella—. Comprare algo en el camino.
—Señorita Isabella...
—¿Qué pasa Rosa? —la interrumpí.
—Señorita Isabella tiene que comer bien —dijo mientras expresaba su preocupación—. Ya casi no come y eso le hara daño a su salud.
—No te preocupes Rosa —dije en un tono tranquilizante—. Te prometo que comprare algo en el camino.
Rosa acento con la cabeza y me ded