Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa idea de estar embarazada se había instalado en mi cabeza como un murmullo constante, imposible de callar. Cada vez que cerraba los ojos, lo escuchaba. Cada vez que mi cuerpo me mandaba señales extrañas —el mareo repentino, el cansancio que me doblaba, la sensibilidad que me hacía llorar por cualquier cosa—, el murmullo se volvía un grito.
Pero la certeza me daba miedo. Me paralizaba la idea de confirmarlo. Y sobre todo, me aterraba la soledad de enfrentarme a esa verdad.Pensé en q






