Capítulo 125

El salón entero se transformó en un instante. Fue como si alguien hubiera encendido una nueva luz dentro de ese lugar cuando lo vi aparecer. Alejandro estaba allí, de pie en la entrada, y sus ojos me encontraron de inmediato, firmes, claros, llenos de esa serenidad que parecía sostenerme sin necesidad de palabras.

Por un momento creí que mi respiración se detenía. Mis hombros, tensos por las miradas hostiles y las sonrisas cargadas de veneno, se relajaron poco a poco. No necesitaba que él
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