Capítulo 121

La incomodidad en mi estómago seguía ahí, persistente, como una sombra que se negaba a apartarse. Intentaba sonreír, disimular frente a Santiago, pero por dentro sentía cómo una punzada me recorría el abdomen.

Él, atento como siempre, no tardó en notarlo.

—¿De verdad estás bien? —preguntó con el ceño ligeramente fruncido.

Me obligué a asentir, fingiendo tranquilidad.

—Sí, sí, debe ser la comida… nada más.

Santiago dejó su tenedor y me miró con esa mezcla de seriedad y tern
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