Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa incomodidad en mi estómago seguía ahí, persistente, como una sombra que se negaba a apartarse. Intentaba sonreír, disimular frente a Santiago, pero por dentro sentía cómo una punzada me recorría el abdomen.
Él, atento como siempre, no tardó en notarlo.—¿De verdad estás bien? —preguntó con el ceño ligeramente fruncido.Me obligué a asentir, fingiendo tranquilidad.—Sí, sí, debe ser la comida… nada más.Santiago dejó su tenedor y me miró con esa mezcla de seriedad y tern






