Capítulo 118

Después de la clase, con el corazón aún latiendo con fuerza por el baile, por la sorpresa de haber coincidido con Alejandro y por la chispa que había quedado encendida en el aire, salimos juntos del salón. El sol ya se había ocultado y la ciudad se encontraba envuelta en ese resplandor dorado que anuncia la llegada de la noche. El aire fresco me acarició el rostro y, por primera vez en mucho tiempo, sentí una ligereza en el pecho.

—¿Tienes algún lugar en mente? —pregunté mientras caminába
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