Tras resolver lo de Liliana, Ernesto se pidió una licencia larga.
Incapaz de aceptar la ausencia de Teodora, se ahogó en alcohol.
—Si hubiera sabido antes lo del cáncer…
—Si no me hubiera dejado seducir por Liliana…
—Si…
En el privado del bar se servía trago tras trago, rabiando contra sí mismo. Ya ni recordaba cuántas noches llevaba sin dormir.
En casa no quedaba el rastro de Teodora y no soportaba quedarse allí; la vieja casa, casi restaurada, tampoco era la misma.
Intentó adormecer la nostalg