De pronto llegó el aniversario de bodas.
Ernesto volvió a casa con el pastel que había encargado… y la casa estaba vacía.
Buscó en cada cuarto; no encontró a Teodora. El pánico por la pérdida le subió a la garganta. Estaba por llamar a la policía cuando oyó el estallido de un plato en la cocina.
Corrió. Teodora lo miraba con los ojos enrojecidos.
—Amor, tengo cáncer.
Ernesto ni alcanzó a responder. De golpe, el entorno se oscureció y Teodora reapareció desde otro ángulo, huesuda, afilada, con la