Capítulo 14
De rodillas, Liliana se acercó a Ernesto.

Le sujetó la muñeca con fuerza; suplicaba con los ojos anegados.

Pero Ernesto ni se inmutó.

Liliana sacó del bolsillo una hoja —parecía un resultado—, se la puso enfrente y gritó:

—Señor González, de verdad sé que me equivoqué. Por el bebé… perdóneme.

—¿No siempre quiso tener un hijo? Mire: ya viene en camino.

—Esa familia de tres con la que usted soñaba… está por cumplirse…

Ernesto soltó una risa helada. Le apretó la barbilla con tanta fuerza que le que
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