Capítulo 16
—¿Ven? Les dije que no iba a aguantarse.

—No es que sea un romántico; es que ninguna de sus mujeres le cuadra.

—Cámbiale de sabor, Ernesto; ¿siempre del tipo de tu esposa? ¿No te aburres?

—Y si te gustan las que se le parecen a la señora, te conseguimos varias…

Las carcajadas rebotaron en el privado. A Ernesto la rabia le subió a la frente.

Apartó de un empujón a la chica que tenía cerca y, de revés, la tomó del cuello contra la mesa. Sus dedos se fueron cerrando hasta ponerla roja. Ella pataleó
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