Ernesto retrocedió tambaleándose.
En el fondo ya sospechaba que Teodora había destruido las fotos, pero se negaba a admitirlo. Jamás imaginó que las quemaría.
¿De veras no le quedaba ni una pizca de nostalgia por aquellos años felices?
El tormento mental de los últimos minutos le pareció un siglo. Cada llamada, cada pregunta, solo buscaba una rendija de esperanza: la prueba de que Teodora aún guardaba algo para él.
La realidad fue implacable.
Se negó a rendirse. Registró toda la mansión con la i