César llevó a Celia de vuelta a Jardín Rosal. Lía, que estaba esperando abajo, se les acercó de inmediato.
—César, ¿cómo está…?
Antes de terminar la frase, vio las marcas de lápiz labial en el cuello de César.
—Estaba muy borracha. —César no intentó ocultar las marcas y la sacó del auto en brazos.
Lía, al volver en sí, se interpuso rápidamente.
—¡No la subas así! Todavía estamos en casa ajena y si él nos ve...
—Ya nos vio. —Interrumpió César.
Lía se petrificó y siguió su mirada: Nicolás acababa