—Todos me los compró Ana. Dice que leer también ayuda a relajarse.
Celia se sentó en la silla de acompañante con una sonrisa en los ojos:
—Ana es una chica muy buena, no le causes problemas. Si necesitas algo, moléstame mejor a mí. Soy tu hermana y no te voy a reprochar nada.
Carlos se quedó atónito, pensó en algo y bajó la mirada:
—Pero no puedo estar siempre causándote problemas. Sé que mi personalidad nunca ha sido estable ni madura. Papá y mamá decían que me querían, pero en realidad no conf