—Me mandaste a esa cena con el número equivocado del privado, ¡hasta les pagaste para que me emborracharan y me drogaran! —Celia la acusó con calma—. Señorita Núñez, tus artimañas son tan sucias.
Las enfermeras cuchicheaban, sin poder creer lo que Celia estaba diciendo.
Sira palideció ligeramente.
—¡No es cierto! Mira, todos los funcionarios pueden confirmar que no te vieron…
—¡Porque me diste mal el número del privado!
—¡No lo hice!
Celia le mostró su celular con el mensaje que Sira le había en