Samuel parpadeó, sorprendido, pero no le preguntó nada más. Encontró la solicitud de transferencia de Celia y se la entregó.
Al ver la fecha, el corazón de César se dio un vuelco: ¡hacía tres meses!
Con razón… En el pasado, a ella le había importado tanto el trabajo, pero en esos días, cuando él la amenazaba una y otra vez con su trabajo por el interés de Sira, siempre mostraba una actitud indiferente. Ella no se había ido por un simple enfado; había planeado su partida de la ciudad con esmero,