Era la primera vez que César le gritaba así. En sus ojos ya no quedaba rastro de la indulgencia de antes. Una enfermera, al escuchar el ruido, abrió la puerta. Al ver los fragmentos de porcelana en el suelo, les preguntó si estaban bien.
—Solo fue un accidente —dijo César con tono plano—. Puede retirarse.
Una vez que la enfermera se fue, César se volvió, pero ni siquiera miró a Sira.
—Óscar es inocente. Cumpliré mi promesa de cuidarlo hasta que se recupere. En cuanto a ti, no me involucraré más