Al escuchar esas palabras, la sangre de Celia casi se congeló. Al ver la expresión de satisfacción de Sira, por fin lo comprendió: la muerte de Rosa había sido su obra. Todo tenía sentido...
César no le había dejado ir a la comisaría, tampoco le había contado los detalles de la caída de su madre. Todo era por Sira... Ella apretó con fuerza los puños y sus ojos se humedecieron al instante.
Se le acercó y se detuvo frente a ella.
—La verdad, en ese momento no quería que muriera. Lástima que escuch