Después de completar los respectivos trámites funerarios de Fabio, Celia quiso acompañar a Rosa a casa. Al pie del hospital, se encontró con Alfredo, quien bajó del auto y se acercó a ellas con un semblante grave.
—Me enteré de lo que pasó.
Celia quedó aturdida por unos minutos, sin poder pronunciar ninguna palabra. Alfredo se inclinó hacia Rosa y la consoló con suavidad.
—Señora, el señor Sánchez descansará en paz.
Rosa agradeció mecánicamente. Su mirada era vacía, sin vida, como si solo le que