Tal vez porque se sintió humillada, Mara ya no mantuvo la fachada y mostró sus verdaderas intenciones.
—Soy tu mayor, ¿con qué derecho me cuestionas de esa manera? ¿Y qué si es la verdad? Yo lo parí, ¡y podía hacer con él lo que me diera la gana! ¡Hoy tienen que darme todo lo que le pertenecía a mi hijo de todos modos!
Sin dudarlo, Celia le dio una cachetada a la anciana despreciable. El golpe fue tan repentino que casi nadie logró reaccionar.
—¡Celia! ¿¡Estás loca o qué!? —La fulminó Paco.
—Sí