César fingió no conocer a Celia en su presencia. Al principio, ella lo había creído. Pero, más tarde, había descubierto la relación entre ellos. Ahora esa maldita Celia se atrevió a visitar la casona de los Herrera, ¡y hasta la vieja bruja la apoyaba! ¿Cómo era posible que ella no se sintiera inquieta?
César permaneció inmóvil, en silencio. Sira lo soltó y retrocedió varios pasos tambaleándose, llorando desconsoladamente.
—César… me lo prometiste…
—Lo que te prometí sigue en pie. —Interrumpió él