Cassie permaneció inmóvil en medio del pasillo. El dolor de la mejilla no era nada comparado con la humillación que destrozaba por completo su dignidad como mujer. El llanto que había contenido durante todo ese tiempo finalmente estalló, quemándole el pecho hasta dejarla sin aliento. Bajó la cabeza y dejó que las lágrimas cayeran sobre el frío suelo de mármol, sintiéndose completamente indefensa bajo el poder absoluto de la familia Morlens.
Dos guardias de seguridad corpulentos comenzaron a ace