El perverso plan urdido tras los imponentes muros de la mansión Morlens no tardó en ponerse en marcha. Para Naeema y Joya, la existencia de Cassandra y las pruebas que conservaba del pasado eran una bomba de tiempo que debía ser desactivada antes de que estallara y destruyera su dinastía. Atrapadas por el miedo a la derrota, la conciencia de ambas mujeres había muerto hacía mucho tiempo, reemplazada por una oscura obsesión: eliminar a quien se interponía en su camino.
Aquella tarde, el cielo de