El rugido del motor del Mercedes negro de Devatra Morlens, que seguía estacionado en la zona de descenso de pasajeros, pareció quebrar el opresivo silencio posterior a la partida del automóvil de Alan Shearer. Sin embargo, aquel vehículo no se había ido realmente lejos. Alan, consciente del devastador estado psicológico de Cassie, dio la vuelta en U al final de la calle con la firme intención de llevarla de regreso a un lugar seguro.
Por desgracia, ese movimiento táctico no hizo más que desatar