Capítulo 41
Los días previos a la audiencia corrían como páginas pasadas con prisa. Cada mañana, María despertaba con la mente dividida entre el futuro que florecía dentro de ella y el pasado que, finalmente, sería enfrentado ante el juez.
Alejandro estaba más presente que nunca. Apoyaba cada paso, revisaba documentos con el abogado, cuidaba de los detalles legales para que ella pudiera descansar y centrarse en el embarazo.
— Todo va a salir bien — le dijo cierto día, sosteniendo sus manos sobre la mesa del desayuno—. Ya saben quién es el verdadero agresor. Sus hijos están de su lado. Ya no está sola.
María sonrió, pero había un apretón en el pecho difícil de ignorar. No era miedo al tribunal, era el peso de todo lo vivido siendo, al fin, expuesto a la luz del día.
Elza y tía Augusta ayudaban en los preparativos del ajuar. Era como si todos allí quisieran mostrarle que la familia ahora era otra. Una familia de verdad.
Y mientras se organizaban los papeles, se preparaban los testimonio