Capítulo 40

Capítulo 40

Geraldo caminaba con paso largo por el supermercado, sintiéndose más presentable de lo habitual. Aquel día, se había dado un baño largo, lavándose el cuerpo con vigor y hasta frotándose el cuero cabelludo con lo poco que quedaba de champú en un frasco casi vacío. Se había puesto la última ropa limpia del armario, una polo descolorida y un vaquero holgado. Hasta los calzoncillos, sin opciones, estaban del revés. Pero para él, eso era la cumbre del esmero.

Fue directo a la carnicería, donde eligió con gusto sus carnes favoritas. Pidió dos kilos de pechuga de ternera, un buen trozo de panceta de cerdo y algunas salchichas bien grasientas.

— ¿Va a hacer una barbacoa? —bromeó el carnicero.

— No. Es para mí solo. ¡Me gusta la comida de macho! —respondió con una sonrisa convencida, arreglándose con los dedos lo poco que tenía de cabello aún húmedo.

Con las bolsas de carne en el carrito, pasó al pasillo de bebidas. Cogió dos botellas de su cachaça favorita, una de vino barato y al
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