Capítulo 40
Geraldo caminaba con paso largo por el supermercado, sintiéndose más presentable de lo habitual. Aquel día, se había dado un baño largo, lavándose el cuerpo con vigor y hasta frotándose el cuero cabelludo con lo poco que quedaba de champú en un frasco casi vacío. Se había puesto la última ropa limpia del armario, una polo descolorida y un vaquero holgado. Hasta los calzoncillos, sin opciones, estaban del revés. Pero para él, eso era la cumbre del esmero.
Fue directo a la carnicería,