Aimunan
Alexander me acompañó a la salida de la villa, indicándome que el chofer me llevaría al departamento. Él debía quedarse con sus padres para arreglar "asuntos pendientes". Acepté sin más, pero desde el auto vi cómo su figura no dejaba de mirarme hasta que nos perdimos en el tráfico. Atrás, su padre lo observaba a él, como un halcón vigilando a su presa.
Sus padres no fueron fríos, pero la desconfianza del señor Dongmin era un peso tangible. Sentí que su invitación no era por agrado, s