Alexander Lee
Salimos del salón Vip cerca de las diez de la noche. El aire fresco de la ciudad no lograba despejarme la mente.
—Señor, ¿sigo con la vigilancia de la señorita García? —preguntó Karl mientras caminábamos hacia los autos.
—Sí. Y contacta a alguien en la embajada; quiero saber si hay nuevos ingresos. Mi padre no descansará hasta que regrese.
—Como indique, señor.
—Karl... ¿cuál es tu opinión sobre ella? ¿Qué dice tu intuición?
Karl se detuvo un segundo. —Está limpia. No tiene