Aimunan
El ambiente en la habitación era asfixiante. Podía sentir la fricción entre mi hermano y Alexander como si fuera electricidad estática en el aire. Isaac, siempre tan hermético, se movía con una rigidez que delataba su incomodidad: detestaba realizar sus preparativos rituales bajo la mirada escrutadora y lógica de Alex. Y Alex... él simplemente no podía quitarle los ojos de encima, buscando en los movimientos de mi hermano una explicación racional que este mundo nunca le daría.
Yo solo