Alexander (Jing-Sung)
Me obligué a levantarme. La sangre me golpeaba en la sien, pero el dolor físico era solo un eco sordo al lado del vacío que me había taladrado el pecho. Había autorizado la muerte. Había firmado la pérdida de mi hija para salvar a la mujer que amaba. Esa decisión, forzada por la traición, era mi nueva cicatriz.
Miré el suelo donde mis rodillas se habían rendido. El dolor se había ido; ahora solo había determinación.
—Lo siento, pequeña —murmuré, con la voz tan seca