Alexander Lee
Era mi primera vez en el Valle Diamante. Sabía que era un santuario protegido por el Estado venezolano, un lugar donde el mapa se desvanece y solo la voluntad del ejército o de las comunidades locales permite el paso. Me resultó inquietante que el campamento no hubiera rechazado mi entrada; normalmente, existe un filtro de hierro para los extranjeros. Pero yo no era cualquier extranjero, y el dinero suele abrir puertas que la ley mantiene cerradas.
Pasado el mediodía, aterrizamo