Aimunan
Anoche dormí como un bebé. Ni uno solo de los miles de pensamientos que suelen asaltarme logró mantenerme despierta; al contrario, el susurro del viento entre las copas de los árboles actuó como un bálsamo. Desperté maravillosamente feliz. Aproveché la mañana para terminar de leer todos los documentos pendientes y redactar los resúmenes de los puntos más críticos. Debo admitir que soy buena en esto: me apasiona el orden, la organización y la planificación estratégica.
Terminé todo antes del mediodía. Como no detecté ninguna urgencia, no me molesté en reportarme con mi "gran jefe". Él tampoco llamó, así que asumí que todo marchaba bajo control en la zona de extracción.
Durante el almuerzo, la señora de la cocina me soltó una noticia inesperada: un grupo de jóvenes del pueblo me habían visto bajar del avión y estaban ansiosos por conocerme. Ella les explicó que yo no pertenecía a su etnia, sino a otra, y su curiosidad se disparó cuando mencionó que yo venía del Valle Diamant