Aimunan
Mi vida no debería estar en una encrucijada, pero mis acciones, como hilos invisibles que yo misma tensé, me habían orillado a este precipicio. Saqué mis cuentas mentales mientras el sonido de la lluvia golpeaba el techo como mil dedos exigentes; mi periodo debió llegar hace un par de días, pero mi cuerpo se sentía extrañamente silencioso, habitado.
Habían pasado exactamente veinte días desde aquella noche con Alex. Para la ciencia convencional, veintiún días es apenas un parpadeo, un