Capítulo 16

Los primeros movimientos fueron lentos, casi dolorosos: estiramientos suaves para despertar los músculos dormidos, cada fibra protestando al principio, luego cediendo. Arion la guiaba con una paciencia infinita, su voz un murmullo constante de aliento y corrección.

—Cuando levantes la espada —le indicó mientras le entregaba una hoja ligera, el metal pulido brillando tenuemente—, piensa en ella como una extensión de tu voluntad, Arya. No es solo un arma para cortar; es un canal
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