94. Existe un nosotros
Cássio
Aelyn dormía profundamente.
El cuerpo pequeño relajado, la respiración tranquila, el rostro sonrosado. Ya no había aquel tono pálido que me perseguía en las pesadillas. No había tubos. No había máquinas. No había miedo.
Branca terminó de cantar en voz baja y se quedó allí, observando a mi hija como si estuviera guardando aquel momento dentro de sí.
Mi corazón se apretó.
No de dolor. De gratitud.
Nunca imaginé que alguien pudiera entrar en mi vida de esa manera. Primero desordenándolo tod