125. Se acabó
Branca
La casa estaba silenciosa de una forma buena, de esos silencios que no pesan, que solo existen para dejar que los pequeños sonidos de la vida se destaquen. Piezas de rompecabezas encajando con clics suaves, risitas ahogadas que escapaban de la boca de Aelyn cada vez que ella «robaba» una pieza del padre, la voz grave de Cássio fingiendo indignación dramática: «¡Ey, señorita, eso es trampa! ¡Voy a llamar a la Interpol!». La niña reía más fuerte, echando la cabeza hacia atrás, y yo sentía