95. Mi escudo
Branca
Aquello había sido casi una petición de matrimonio.
La idea me golpeó de golpe, sin aviso, como si alguien hubiera tirado del suelo bajo mis pies. Familia. Futuro. Toda una vida por delante.
Era demasiado.
Miré a Aelyn dormida plácidamente, el pecho subiendo y bajando en un ritmo calmado, el rostro demasiado sereno para alguien que ya había enfrentado tanto. Mi corazón se apretó con fuerza.
«Salgamos del cuarto», murmuré. «Vamos a terminar despertándola.»
Cássio asintió con un leve gesto