128. Caja sorpresa
Branca
La casa estaba silenciosa otra vez, pero no era el silencio ligero y lleno de risas de minutos atrás. Era el silencio concentrado de la rutina diaria, el tipo que envuelve sin asfixiar. Aelyn estaba en su cuarto, los auriculares enormes cubriéndole las orejas pequeñas, la voz de la profesora resonando bajito sobre fracciones mientras ella garabateaba en un rincón del cuaderno, probablemente dragones o castillos, porque las matemáticas nunca le impedían soñar. Cássio estaba en el despacho