70. Mi paz
Branca
Me apoyé en la pared cerca de la sala, respirando despacio.
El cuerpo todavía protestaba. No era un dolor insoportable, pero constante, como un recordatorio insistente de que no podía simplemente fingir que nada había pasado. Necesitaba espacio. Aire. Silencio lejos de ese cuarto.
Fue entonces cuando oí su voz.
«¡Tía Branca!»
Giré el rostro a tiempo de ver a Aelyn prácticamente saltando de la alfombra.
«¡No puedes levantarte!», dijo, alarmada. «¡El médico dijo que tienes que reposar!»
An