71. Duró poco

Branca

El sueño empezaba a cobrar su precio. Afuera, solo el brillo de las estrellas iluminaba el cielo. Mis ojos luchaban por mantenerse abiertos, pero estaba a punto de rendirme a la batalla.

No era ese cansancio pesado, era un sueño cálido, confortable, que hacía que el cuerpo se hundiera en el sofá sin resistencia. Aelyn dormía con la cabeza apoyada en mi pierna, la respiración calma, regular. Una de sus manitas sujetaba la tela de mi blusa como si temiera perderme incluso en sueños.

Pasé l
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