Las cosas dentro de la camioneta parecían haberse calmado. Kilian ya no me miraba como si quisiera matarme, pero yo seguía con el corazón acelerado y los pensamientos martilleándome la conciencia.
Nos acomodamos la ropa en completo silencio y él me había pasado toallitas húmedas para limpiarme los restos de nuestro asalto sexual. Casi siempre lo hacía él, pero esta vez me dejó todo el trabajo a mí.
Sigue molesto.
De pronto encendió el motor nuevamente, el único sonido que resonaba a nuest