Una última mirada a la mujer, que tenía su vida entre sus manos y subió a su coche, agradece que la autopista estuviera desolada a esas horas por su alta velocidad, aunque era lógico, todavía faltaban tres horas para amanecer.
Baja del coche hecho una furia y aporrea la puerta del domicilio de Lorena con fuerza, el timbre lo volvió trizas.
Lorena sale con una bata minúscula toda adormilada y pestañea varias veces al verlo.
—Eh, ¿Pasó algo? — Felipe los aparta y entra sin permiso.
—¿¡Dónde mierd