—Siéntate.
—Prefiero estar de pie.
El silencio entre ellos era asfixiante. Stefan la observaba con esa intensidad que siempre la hacía sentir desnuda, como si pudiera ver directamente a través de su ropa, de su piel, hasta llegar a los pensamientos que trataba desesperadamente de ocultar.
—Como quieras. —Stefan se encogió de hombros—. Veo que vienes directamente de tu pequeña escapada romántica. Todavía llevas el mismo vestido de anoche.
Luciana sintió que el calor subía por su cuello, pero mant